Autor: Michael Landauro

Significado de la clasificación
SBBB: Mantiene una política fiscal moderada, con una institución monetaria autónoma. Su tendencia de crecimiento económico es estable. Cuenta con cierta liquidez externa, con una fuente de ingresos no diversificada y un manejo adecuado de la deuda. Cuenta con una cierta capacidad para soportar choques exógenos y un sistema financiero local consolidado.
S2: Valores con certeza en el pago oportuno. La liquidez y otros aspectos del deudor son firmes; sin embargo, las necesidades continuas de fondos pueden incrementar los requerimientos totales de financiamiento.
Estas categorizaciones podrán ser complementadas si correspondiese, mediante los signos (+/-) mejorando o desmejorando respectivamente la calificación alcanzada entre las categorías AA y B inclusive.
La información empleada en la presente clasificación proviene de fuentes oficiales; sin embargo, no garantizamos la confiabilidad e integridad de la misma, por lo que no nos hacemos responsables por algún error u omisión por el uso de dicha información. La clasificación otorgada o emitida por PCR constituye una evaluación sobre el riesgo involucrado y una opinión sobre la calidad crediticia, y la misma no implica recomendación para comprar, vender o mantener un valor; ni una garantía de pago del mismo; ni estabilidad de su precio y puede estar sujeta a actualización en cualquier momento. Asimismo, la presente clasificación de riesgo es independiente y no ha sido influenciada por otras actividades de la Clasificadora. El presente informe se encuentra publicado en la página web de PCR (http://www.ratingspcr.com/), donde se puede consultar adicionalmente documentos como el código de conducta, la metodología de clasificación respectiva y las clasificaciones vigentes.
Racionalidad
En Comité de Calificación de Riesgo, PCR decidió ratificar la clasificación en “sBBB” a la deuda de largo plazo ME, en “sBBB+” a la deuda de largo plazo MN, en “s2” a la deuda de corto plazo ME y en “s2” a la deuda de corto plazo MN con perspectiva “Estable”. La decisión se sustenta en la resiliencia macroeconómica de Perú, reflejada en la recuperación de la actividad, inflación dentro del rango meta, expectativas de inflación ancladas y credibilidad del BCRP. Asimismo, incorpora la sólida posición externa, respaldada por superávit en cuenta corriente, elevados niveles de reservas internacionales y términos de intercambio favorables, así como el bajo nivel relativo de deuda pública y acceso favorable a financiamiento. No obstante, la nota se encuentra limitada por una consolidación fiscal aún incompleta, con déficit por encima de la regla de mediano plazo, baja base tributaria y menor disponibilidad de buffers fiscales. Adicionalmente, persisten restricciones estructurales asociadas a alta informalidad, baja productividad, debilidad institucional, inseguridad ciudadana y elevada fragmentación política, factores que limitan la predictibilidad de políticas públicas y el crecimiento potencial. La diferencia de un notch entre la calificación en moneda local y extranjera incorpora la mayor capacidad relativa del país para atender obligaciones en moneda local, apoyada en un mercado doméstico de deuda desarrollado, credibilidad monetaria y flexibilidad cambiaria.
Perspectiva
Estable. La perspectiva refleja la expectativa de que Perú mantenga fundamentos macroeconómicos resilientes, sustentados en inflación controlada, credibilidad monetaria, sólida liquidez externa, deuda pública moderada y acceso favorable a financiamiento. Asimismo, incorpora una convergencia fiscal gradual, aunque todavía incompleta. La perspectiva podría revisarse negativamente ante un deterioro de la gobernabilidad, desviaciones fiscales, erosión de buffers o reversión abrupta de términos de intercambio; mientras que una mejora requeriría consolidación fiscal sostenida, fortalecimiento de ingresos permanentes, mayor predictibilidad política y recuperación de la inversión privada con impacto en el crecimiento potencial.
Resumen ejecutivo
1 El análisis se realiza con corte principal al 30 de septiembre de 2025. Cuando se emplea información posterior proveniente del Reporte de Inflación de diciembre de 2025 del BCRP, esta se utiliza como actualización oficial para variables fiscales, monetarias y de mercado, y se identifica en el texto cuando corresponde.
- Entorno externo moderadamente favorable, aunque expuesto a reversión. Al tercer trimestre de 2025, el entorno internacional fue menos adverso que en 2024, favorecido por una revisión al alza del crecimiento mundial, menores expectativas de tasas internacionales y precios elevados de commodities. Para Perú, el principal canal positivo fue la mejora de los términos de intercambio, impulsada por oro y cobre, que fortaleció la generación de divisas y redujo presiones cambiarias. No obstante, esta fortaleza mantiene una naturaleza parcialmente cíclica, dado que el país sigue expuesto a la evolución de China, la trayectoria de tasas de la Reserva Federal, episodios de aversión global al riesgo y una eventual corrección de precios de materias primas.
- Recuperación de la actividad económica liderada por demanda interna. La economía peruana mantuvo una trayectoria de recuperación durante 2025. Al tercer trimestre, el PBI creció 3.4% interanual y acumuló una expansión de 3.3% entre enero y setiembre, apoyado por construcción, agropecuario, comercio, minería e hidrocarburos y otros servicios. Desde el enfoque del gasto, el principal impulso provino de la demanda interna, que creció 5.7% en enero-setiembre, destacando la inversión privada con una expansión de 9.9%. Para el cierre de 2025, el BCRP proyecta un crecimiento de 3.3% y una convergencia hacia 3.0% en 2026 y 2027. La lectura crediticia es favorable por la recuperación del ciclo, aunque el crecimiento esperado sigue siendo insuficiente para elevar de manera material el potencial de largo plazo sin mayor inversión, productividad y estabilidad política.
- Inflación baja y credibilidad monetaria como ancla macroeconómica. La inflación se mantuvo dentro del rango meta del BCRP y entre las más bajas de la región. A setiembre de 2025, la inflación interanual se ubicó en 1.36%, mientras que la inflación sin alimentos y energía se mantuvo alrededor de 1.8%, reflejando ausencia de presiones generalizadas de demanda. Las expectativas de inflación a doce meses se mantuvieron ancladas cerca de 2.16%, lo que permitió al BCRP sostener una tasa de referencia de 4.25%, nivel cercano a una postura neutral. Esta combinación de inflación baja, expectativas estables, tipo de cambio flexible y política monetaria creíble constituye una de las principales fortalezas institucionales del soberano y reduce la probabilidad de estrés macrofinanciero.
- Sólida posición externa y elevado nivel de liquidez internacional. La cuenta externa continuó siendo uno de los principales soportes del perfil crediticio. Al tercer trimestre de 2025, la cuenta corriente anualizada registró un superávit de US$ 7,403 millones, equivalente a 2.3% del PBI, sustentado en un elevado superávit comercial de US$ 29,260 millones. Las RIN se ubicaron alrededor de US$ 85.1 mil millones, equivalentes a cerca de 26% del PBI y con amplia cobertura sobre deuda externa de corto plazo. Esta posición refuerza la capacidad del país para absorber shocks externos, mitigar episodios de volatilidad cambiaria y sostener la confianza de inversionistas. La principal vulnerabilidad es la dependencia de la cuenta externa respecto de precios altos de commodities.
- Consolidación fiscal gradual, pero aún insuficiente frente a la regla. La posición fiscal mejoró en 2025, aunque no puede considerarse estructuralmente consolidada. Según el RI Dic.25 del BCRP, el déficit fiscal acumulado en los últimos doce meses disminuyó de 3.4% del PBI al cierre de 2024 a 2.3% en noviembre de 2025, mientras que para el cierre de 2025 se proyecta un déficit de 2.2%, con reducción gradual a 1.9% en 2026 y 1.6% en 2027. Pese a la mejora, el déficit continuaría por encima de la regla fiscal de mediano plazo de 1.0% del PBI. La consolidación depende de ingresos parcialmente vinculados al ciclo de commodities, contención del gasto y ausencia de medidas legislativas que deterioren ingresos o eleven gasto permanente, por lo que el frente fiscal sigue siendo una restricción relevante para una mejora de calificación.
- Deuda pública moderada y acceso favorable a financiamiento. La deuda pública continúa siendo una fortaleza relativa del soberano. El BCRP proyecta que la deuda bruta del SPNF se reduzca de 32.0% del PBI en 2024 a 30.4% en 2025, antes de aumentar gradualmente a 31.2% en 2026 y 32.1% en 2027; la deuda neta se ubicaría en 22.9% del PBI en 2025. Estos niveles permanecen bajos frente a pares regionales y otorgan margen de absorción de shocks. Asimismo, el bajo riesgo país relativo y la demanda por instrumentos soberanos peruanos respaldan el acceso a mercado. Sin embargo, los déficits recurrentes por encima de la regla, la reducción de activos fiscales y la participación relevante de deuda en moneda extranjera reducen la holgura fiscal frente a episodios de depreciación o mayor costo financiero externo.
- Debilidad institucional, informalidad y riesgo político como principales restricciones. La principal limitación del perfil soberano sigue siendo institucional y estructural. La economía mantiene alta informalidad laboral, cercana a 70.6% de la población ocupada, lo que restringe productividad, base tributaria y efectividad de la política pública. A ello se suman fragmentación política, baja predictibilidad regulatoria, inseguridad ciudadana, conflictividad social y proximidad del proceso electoral de 2026. Si bien las instituciones macroeconómicas, especialmente el BCRP, han preservado continuidad y credibilidad, la debilidad de gobernabilidad limita la ejecución de reformas, dificulta la consolidación fiscal y reduce la capacidad del país para transformar estabilidad macroeconómica en mayor crecimiento potencial.
Metodología utilizada
La opinión contenida en el presente informe se ha basado en la aplicación de la “Metodología de calificación de riesgo soberano (Perú)” vigente, aprobada con fecha 18 de febrero de 2021.
Contexto Internacional
Al tercer trimestre de 2025, el entorno internacional se mantuvo retador, aunque menos adverso que en el año previo. La economía global continuó expandiéndose a un ritmo moderado, en un contexto de normalización gradual de la inflación, tasas de interés internacionales aún elevadas frente a los niveles prepandemia, tensiones geopolíticas persistentes y mayor fragmentación comercial. Para una economía pequeña, abierta y altamente vinculada a los precios de materias primas como Perú, este escenario tuvo una lectura mixta: por un lado, los altos precios del oro y cobre fortalecieron los términos de intercambio, la balanza comercial y la liquidez externa; por otro lado, la moderación esperada del crecimiento global, la incertidumbre sobre la política monetaria de economías avanzadas y el aumento de tensiones comerciales mantuvieron riesgos relevantes sobre inversión, flujos de capital y condiciones de financiamiento.
Crecimiento mundial y principales socios comerciales
La actividad global mostró un desempeño mejor al previsto durante 2025, principalmente por la resiliencia de Estados Unidos y la recuperación de China durante el primer semestre, comportamiento que se mantuvo parcialmente durante el tercer trimestre. De acuerdo con el Reporte de Inflación de diciembre de 2025 del BCRP, el crecimiento mundial fue revisado al alza de 2.9% a 3.1% para 2025 y de 2.8% a 3.0% para 2026, mientras que para 2027 se proyectó una expansión de 2.9%. Pese a esta revisión favorable, el crecimiento global previsto continúa por debajo del promedio observado antes de la pandemia, lo que refleja un entorno externo todavía moderado.
En Estados Unidos, la actividad mantuvo una resiliencia mayor a la esperada, apoyada por el consumo privado, el efecto riqueza asociado al desempeño de los mercados bursátiles y la inversión vinculada a inteligencia artificial. Sin embargo, el crecimiento siguió condicionado por tasas de interés aún elevadas, incertidumbre fiscal y comercial, y presiones inflacionarias persistentes en determinados componentes. En la Eurozona, la recuperación se mantuvo gradual, limitada por una demanda interna todavía débil y mayores restricciones fiscales. En China, el crecimiento continuó enfrentando restricciones estructurales derivadas de la debilidad del sector inmobiliario y de la menor confianza privada, aunque fue parcialmente compensado por medidas de estímulo y por la demanda de insumos vinculados a transición energética.

Para Perú, la evolución de China y Estados Unidos continúa siendo especialmente relevante. China mantiene un rol central en la demanda por cobre y otros metales industriales, mientras que Estados Unidos incide directamente sobre las condiciones financieras globales, el apetito por riesgo y la demanda por exportaciones no tradicionales. En ese sentido, un menor crecimiento chino tendría un impacto directo sobre precios de metales, exportaciones mineras, recaudación vinculada al sector extractivo y cuenta corriente; mientras que un escenario de tasas de interés estadounidenses más altas por más tiempo presionaría los costos de financiamiento externo y podría generar episodios de salida de capitales en economías emergentes.
Inflación global y política monetaria internacional
El proceso de desinflación global continuó durante 2025, aunque con una marcada heterogeneidad entre economías. En varias economías desarrolladas, la inflación se mantuvo por encima de los objetivos de sus bancos centrales, especialmente en componentes de servicios y precios subyacentes. Esta persistencia limitó la velocidad de relajamiento monetario y mantuvo las tasas reales en niveles relativamente restrictivos. En economías emergentes, el entorno fue más favorable por la moderación de presiones inflacionarias y la mejora de precios de commodities, aunque con diferencias importantes entre países.
En América Latina, la normalización inflacionaria también fue desigual. Perú destacó por registrar una de las menores tasas de inflación entre sus principales pares regionales y una tasa de referencia inferior a la de Brasil, Colombia y México. Esta posición relativa refleja una mayor credibilidad monetaria, menores presiones cambiarias y expectativas de inflación más ancladas. En contraste, Brasil y Colombia mantuvieron tasas de política monetaria significativamente superiores, asociadas a presiones inflacionarias más persistentes y a la necesidad de preservar diferenciales reales positivos. México mostró una inflación más contenida, pero todavía con una tasa de referencia elevada en términos relativos, mientras que Chile se ubicó en una posición intermedia.
Esta comparación es crediticiamente relevante porque evidencia que Perú conserva una ventaja relativa en estabilidad de precios y credibilidad monetaria. La baja inflación y la capacidad del BCRP de conducir la tasa de referencia hacia niveles cercanos a neutral contribuyen a contener el costo de financiamiento local, reducir la volatilidad cambiaria y preservar la confianza en la moneda. No obstante, esta fortaleza monetaria no compensa por sí sola las debilidades institucionales, la baja base fiscal ni la incertidumbre política interna.
Condiciones financieras internacionales y apetito por riesgo
Los mercados financieros internacionales mostraron un desempeño más favorable durante 2025, apoyados por la expectativa de menores tasas de interés en economías avanzadas, la resiliencia de la economía estadounidense y el dinamismo de sectores vinculados a inteligencia artificial y tecnología. Sin embargo, la mejora en los activos de riesgo coexistió con episodios de volatilidad asociados a tensiones geopolíticas, incertidumbre fiscal en economías avanzadas, niveles elevados de deuda pública global y cambios en la política comercial de Estados Unidos.
La trayectoria de la Reserva Federal continuó siendo un determinante central de las condiciones financieras globales. Tras mantener una postura monetaria restrictiva durante buena parte del periodo posterior al shock inflacionario global, la Fed inició una fase gradual de normalización en 2025. No obstante, la política monetaria estadounidense aún no puede caracterizarse como expansiva, dado que las tasas de interés permanecieron en niveles elevados frente al promedio prepandemia y la inflación continuó por encima del objetivo de 2.0%. Para economías emergentes como Perú, esta dinámica es relevante porque las tasas de Estados Unidos actúan como tasa base global para la valorización de activos financieros, incluyendo la deuda soberana emergente.

La evolución de los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos reflejó este proceso de normalización gradual. Al cierre del periodo analizado, el rendimiento del Treasury a 10 años se ubicó alrededor de 4.20%, mientras que el rendimiento a 2 años se situó cerca de 3.53%, configurando una curva con pendiente positiva luego del periodo de inversión observado entre 2022 y 2024. Esta normalización de la pendiente de la curva sugiere una menor expectativa de endurecimiento monetario de corto plazo y una transición hacia una postura menos restrictiva. Sin embargo, el nivel todavía elevado del tramo largo evidencia que los mercados continúan incorporando primas asociadas a inflación, sostenibilidad fiscal estadounidense y mayor emisión de deuda pública.
Para Perú, los rendimientos de los Treasuries son relevantes por tres canales. Primero, un mayor rendimiento de los bonos estadounidenses eleva el costo de oportunidad de invertir en deuda emergente, pudiendo reducir el apetito por instrumentos soberanos de países como Perú. Segundo, tasas externas más altas encarecen el financiamiento soberano y corporativo, especialmente en moneda extranjera. Tercero, un diferencial de tasas más estrecho frente a Estados Unidos puede generar presiones sobre monedas emergentes y flujos de portafolio. Por el contrario, una reducción gradual de tasas en Estados Unidos favorece las condiciones de financiamiento externo, reduce la presión sobre monedas emergentes y puede mejorar los flujos hacia deuda soberana en moneda local.
En este entorno, el apetito por instrumentos de economías emergentes se mantuvo selectivo. Los países con marcos macroeconómicos creíbles, inflación controlada, bancos centrales independientes, deuda pública moderada y posiciones externas sólidas conservaron mejor acceso a financiamiento. Perú se benefició de esta diferenciación relativa por su historial de estabilidad macroeconómica, bajo nivel de deuda pública frente a pares regionales, elevadas reservas internacionales, baja inflación y credibilidad del BCRP. Sin embargo, la prima de riesgo local continúa expuesta a episodios de tensión política, deterioro institucional o medidas fiscales que debiliten la credibilidad del marco macrofiscal.


En los mercados financieros, Perú mantuvo una posición relativa favorable frente a sus pares regionales, reflejada en un EMBIG persistentemente inferior al promedio de América Latina y al de varios soberanos comparables. Al cierre del periodo analizado, el EMBIG Perú se ubicó alrededor de 124 pbs, por debajo del promedio regional, cercano a 333 pbs, y también por debajo de Colombia, Brasil y México; solo Chile mantuvo una prima de riesgo menor. Esta diferenciación refleja la percepción positiva del mercado sobre la estabilidad macroeconómica del país, su bajo nivel de deuda pública, la credibilidad del BCRP y la fortaleza de sus cuentas externas.
En paralelo, el rendimiento del bono soberano peruano en soles a 10 años se mantuvo alrededor de 6.1%, en un contexto de tasa de referencia del BCRP de 4.25%. La diferencia entre el rendimiento soberano local y la tasa de referencia incorpora la prima por plazo, expectativas de inflación, percepción de riesgo fiscal, liquidez del mercado y condiciones financieras globales. La reducción del EMBIG Perú y la estabilidad relativa de los rendimientos soberanos locales sugieren que el mercado continuó diferenciando favorablemente a Perú frente a otros emisores regionales, pese a la persistencia de ruido político interno.
Esta posición constituye una fortaleza crediticia relevante, en tanto contribuye a preservar el acceso a financiamiento en condiciones competitivas y reduce la sensibilidad del servicio de deuda ante episodios moderados de volatilidad externa. No obstante, la compresión del spread debe interpretarse con cautela. El riesgo país continúa expuesto a episodios de aversión global al riesgo, cambios en la trayectoria de tasas de la Reserva Federal, deterioro de la gobernabilidad local, desviaciones fiscales, conflictividad social o una reversión abrupta de los términos de intercambio.
En balance, las condiciones financieras internacionales fueron menos adversas que en 2024, pero aún exigentes. La expectativa de normalización monetaria en Estados Unidos favoreció parcialmente el apetito por activos emergentes. En este contexto, Perú conservó una ventaja relativa frente a la región por sus fundamentos macroeconómicos, aunque dicha ventaja depende de preservar la credibilidad fiscal, la independencia monetaria y la fortaleza externa.
Materias primas y términos de intercambio
El principal canal externo favorable para Perú durante 2025 fue la evolución de los términos de intercambio. De acuerdo con el BCRP, estos aumentaron 14.2% interanual en el tercer trimestre de 2025, debido principalmente al incremento de los precios de los metales exportados, especialmente oro y cobre, así como del café y de algunos productos no tradicionales químicos y siderometalúrgicos. Para el cierre de 2025, el BCRP revisó al alza la proyección de crecimiento de los términos de intercambio a 17.0%, mientras que para 2026 proyectó un avance de 6.4%. Para 2027, luego de alcanzar niveles históricamente elevados, se espera una ligera corrección de 1.4%.
En el caso del oro, el impulso respondió a su rol como activo refugio en un contexto de incertidumbre geopolítica, expectativas de reducción de tasas internacionales, depreciación del dólar y mayor demanda de bancos centrales. En el caso del cobre, el soporte provino de restricciones de oferta, demanda vinculada a transición energética, electrificación e infraestructura, y expectativas favorables para minerales críticos. A la vez, los precios de importación se mantuvieron contenidos por la moderación del petróleo y otros insumos, lo que reforzó la mejora de los términos de intercambio.

La mejora de los términos de intercambio fue crediticiamente relevante para Perú porque fortaleció la balanza comercial, contribuyó al superávit en cuenta corriente, elevó la generación de divisas del sector exportador y redujo presiones sobre el tipo de cambio. También tuvo efectos fiscales indirectos mediante mayores utilidades mineras, pagos a cuenta y regularización del impuesto a la renta.
No obstante, esta fortaleza debe interpretarse con cautela. El soporte externo descansa parcialmente en precios de commodities históricamente altos, lo que introduce vulnerabilidad ante una corrección abrupta. Un deterioro en China, una recomposición del dólar global, una menor demanda por metales industriales o un relajamiento de tensiones geopolíticas que reduzca el precio del oro podrían debilitar los términos de intercambio, la cuenta corriente y la recaudación asociada al sector minero.
Comercio internacional y riesgos geopolíticos
El comercio internacional continuó condicionado por tensiones comerciales, reconfiguración de cadenas de suministro y mayor uso de instrumentos arancelarios. El giro proteccionista en economías avanzadas, particularmente en Estados Unidos, elevó la incertidumbre para países exportadores y reforzó la fragmentación del comercio global. Para Perú, los efectos directos son acotados en comparación con economías más integradas a cadenas manufactureras complejas, pero no son irrelevantes. Las medidas comerciales pueden afectar productos agroindustriales, químicos, siderometalúrgicos o manufacturas vinculadas a insumos metálicos, además de alterar los precios relativos de commodities.
El BCRP señala que, en términos absolutos, las nuevas medidas arancelarias de Estados Unidos implican un encarecimiento generalizado de exportaciones peruanas hacia dicho mercado. Sin embargo, en términos relativos, la posición competitiva de Perú se preserva en varios productos donde sus competidores enfrentan aranceles similares o mayores, especialmente en ciertos productos agroindustriales, de cobre y pesqueros.
En paralelo, los conflictos en Medio Oriente, la guerra entre Rusia y Ucrania y las tensiones estratégicas entre Estados Unidos y China mantuvieron riesgos sobre energía, transporte marítimo, alimentos, fertilizantes, confianza empresarial y flujos financieros. Para Perú, estos shocks operan principalmente por tres canales: precios de importación, especialmente combustibles y alimentos; demanda externa por minerales y productos no tradicionales; y percepción global de riesgo hacia mercados emergentes.
A nivel regional, América Latina continuó enfrentando riesgos asociados a inseguridad, polarización política, baja capacidad estatal, presiones sociales y bajo crecimiento potencial. Este entorno limita la capacidad de la región para capturar plenamente las oportunidades asociadas a minerales críticos, transición energética, agroexportación y nearshoring. En el caso peruano, estas oportunidades existen, pero su materialización depende de estabilidad política, predictibilidad regulatoria, ejecución de inversiones y reducción de conflictos sociales.
Implicancias para el perfil soberano de Perú
Desde una perspectiva soberana, el entorno internacional al tercer trimestre de 2025 tuvo una lectura moderadamente favorable para Perú. Los altos términos de intercambio, la menor presión financiera externa y la baja prima de riesgo relativa favorecieron el entorno macroeconómico de Perú y reforzaron las condiciones para una posición externa sólida, cuyo detalle se desarrolla en la sección local. Estos factores mitigaron parcialmente los efectos de un entorno global todavía exigente, caracterizado por tasas internacionales elevadas, alta selectividad hacia mercados emergentes y tensiones geopolíticas persistentes.
No obstante, el soporte externo no elimina las restricciones estructurales del perfil crediticio. La economía peruana continúa expuesta a la evolución de los precios de commodities, al crecimiento de China, a la trayectoria de tasas de la Reserva Federal y a episodios de aversión global al riesgo. Por ello, la mejora externa respalda la estabilidad macroeconómica en el corto plazo, pero su sostenibilidad dependerá de la capacidad del país para convertir este contexto favorable en consolidación fiscal, acumulación de buffers e inversión productiva, en lugar de depender de factores transitorios del ciclo de materias primas.
Contexto Local
La economía peruana mantuvo una trayectoria de recuperación durante 2025, apoyada por la normalización de sectores primarios, el dinamismo de la demanda interna, la baja inflación y condiciones financieras más flexibles. Al tercer trimestre de 2025, el PBI registró una expansión interanual de 3.4%, mientras que en el periodo enero-setiembre acumuló un crecimiento de 3.3%. En setiembre, la producción nacional creció 3.94% interanual y acumuló una expansión de 3.33% en los primeros nueve meses del año, con un crecimiento de 3.70% en los últimos doce meses. Esta evolución confirma una recuperación más amplia que la observada en 2023, aunque todavía condicionada por factores cíclicos, términos de intercambio favorables y el desempeño de la inversión privada.


Por sectores, el crecimiento mostró una composición relativamente diversificada. En setiembre de 2025, los sectores con mayor contribución al avance de la producción fueron construcción, agropecuario, comercio, minería e hidrocarburos, manufactura y otros servicios. El sector construcción destacó por el mayor avance de obras públicas y privadas, mientras que el sector agropecuario se benefició de condiciones climáticas más favorables y del dinamismo de productos de agroexportación. La minería metálica continuó aportando al crecimiento, aunque con resultados heterogéneos entre metales; la producción de cobre creció moderadamente, mientras que oro y zinc mostraron mayor dinamismo. En contraste, la manufactura no primaria tuvo un desempeño más débil, reflejando todavía una recuperación incompleta de algunos segmentos industriales.
Desde el enfoque del gasto, el crecimiento estuvo principalmente explicado por la demanda interna. En enero-setiembre de 2025, la demanda interna creció 5.7%, por encima del crecimiento del PBI, reflejando un mayor impulso de consumo e inversión. El consumo privado avanzó 3.7%, favorecido por la recuperación del empleo, el aumento de ingresos reales, la baja inflación y mejores condiciones crediticias. El consumo público creció 4.4%, mientras que la inversión pública aumentó 5.8%, aunque con una trayectoria esperada de desaceleración en el horizonte de proyección, consistente con la consolidación fiscal.
El componente más dinámico fue la inversión privada, que acumuló un crecimiento de 9.9% entre enero y setiembre de 2025. Esta recuperación respondió a mejores términos de intercambio, recuperación de la confianza empresarial, menores tasas de interés, avance de proyectos mineros y no mineros, y mayor demanda por bienes de capital. Para el cierre de 2025, el BCRP proyecta que la inversión privada crecería 9.5%, su mayor expansión desde 2012 si se excluye el rebote estadístico posterior a la pandemia. La inversión privada es un indicador relevante para el perfil soberano porque incide en el crecimiento potencial, la productividad futura y la base tributaria.
La demanda externa neta tuvo una contribución menos favorable. Las exportaciones reales crecieron 4.7% en enero-setiembre de 2025, mientras que las importaciones aumentaron 13.5%, impulsadas por mayores compras de bienes de consumo, bienes de capital e insumos industriales. Esta composición revela que la recuperación estuvo liderada principalmente por la absorción doméstica. Si bien los altos precios de exportación fortalecieron la balanza comercial en términos nominales, el crecimiento real de exportaciones fue más moderado por problemas logísticos, movilizaciones sociales, oleajes anómalos y menor dinamismo de algunos embarques mineros.
Para el cierre de 2025, el BCRP proyecta un crecimiento del PBI de 3.3%, con una expansión de la demanda interna de 5.4%, consumo privado de 3.6% e inversión privada de 9.5%. Para 2026 y 2027, el crecimiento convergería hacia 3.0% anual, en un escenario de menor impulso de la demanda interna y normalización de la inversión pública. Esta trayectoria es consistente con una economía estable, pero no necesariamente con un aumento estructural del crecimiento potencial. La sostenibilidad del crecimiento dependerá de la continuidad de la inversión privada, estabilidad política, reducción de conflictividad social y avance de proyectos de infraestructura y minería.
Inflación, política monetaria y condiciones financieras locales
La inflación se mantuvo dentro del rango meta del BCRP y entre las más bajas de América Latina. A setiembre de 2025, la inflación interanual fue de 1.36%; posteriormente, en noviembre, se ubicó en 1.37%, en el tramo inferior del rango meta de 1.0%-3.0%. Este comportamiento estuvo explicado por la reversión de choques de oferta, menores precios de energía, apreciación del sol y ausencia de presiones significativas de demanda. La baja inflación permitió preservar el poder adquisitivo de los hogares y contribuyó a la recuperación del consumo privado.
La inflación sin alimentos y energía también se mantuvo contenida. Este indicador, más relevante para evaluar presiones de demanda, se ubicó alrededor de 1.8% hacia setiembre de 2025, cerca del centro del rango meta. Los indicadores tendenciales de inflación permanecieron controlados, lo que evidencia que el proceso de desinflación no respondió únicamente a componentes volátiles, sino también a una menor presión subyacente. En el acumulado enero-setiembre de 2025, la inflación fue de 1.16%, mientras que la inflación sin alimentos y energía acumuló 1.29%.
Las expectativas de inflación continuaron estables y alineadas con el rango meta. Las expectativas a doce meses se ubicaron en 2.16% en setiembre de 2025, cerca del centro del rango meta. Este resultado refleja que los agentes económicos siguen anticipando una inflación baja y controlada en el mediano plazo, lo que favorece la efectividad de la política monetaria y reduce el riesgo de ajustes bruscos en precios o en el tipo de cambio.

En este contexto, el BCRP mantuvo la tasa de referencia en 4.25% en las reuniones de octubre, noviembre y diciembre de 2025, luego de acumular una reducción de 350 puntos básicos entre setiembre de 2023 y setiembre de 2025. La tasa de referencia real se ubicó alrededor de 2.1%, muy cerca del nivel estimado como neutral. Por ello, la postura monetaria puede caracterizarse como cercana a neutral, no expansiva. El BCRP mantuvo un sesgo prudente, condicionado a la evolución de la inflación, sus determinantes y las expectativas.
Las condiciones financieras locales continuaron flexibilizándose gradualmente. Las tasas de interés en moneda nacional siguieron la trayectoria de la tasa de referencia, especialmente en segmentos de menor riesgo y menor plazo. La liquidez en moneda nacional moderó su crecimiento interanual, mientras que el crédito al sector privado mostró recuperación, pasando de una expansión de 0.4% al cierre de 2024 a 5.6% en octubre de 2025. El crecimiento del crédito estuvo apoyado por segmentos de mediana empresa, MYPE y tarjetas de crédito, en línea con la mejora de la actividad económica.
La credibilidad del BCRP sigue siendo una de las principales fortalezas del perfil soberano peruano. La combinación de inflación baja, expectativas ancladas, tipo de cambio flexible y política monetaria predecible reduce la vulnerabilidad macrofinanciera y mitiga parcialmente los riesgos derivados de la inestabilidad política.
Tipo de cambio y mercado cambiario
El sol mantuvo una tendencia apreciatoria durante 2025, favorecido por altos precios de exportación, elevada oferta de divisas, mejora del apetito global por riesgo y sólidos fundamentos macroeconómicos. Al cierre de setiembre de 2025, el tipo de cambio se ubicó alrededor de S/ 3.47 por dólar.

La apreciación cambiaria estuvo asociada a tres factores principales. Primero, la fortaleza del cobre y del oro elevó la oferta de dólares del sector exportador, particularmente de empresas mineras. Segundo, la expectativa de una Fed menos restrictiva favoreció activos emergentes y redujo la presión sobre monedas regionales. Tercero, la oferta de dólares en el mercado local fue elevada, tanto por empresas mineras como por inversionistas no residentes y agentes minoristas.
El BCRP continuó interviniendo en el mercado cambiario con el objetivo de reducir volatilidad excesiva, sin fijar un nivel específico del tipo de cambio. En 2025, el banco central redujo el saldo de instrumentos cambiarios y realizó compras de dólares en el mercado spot en un contexto de apreciación del sol. Esta estrategia permitió suavizar
movimientos abruptos y, al mismo tiempo, fortalecer la posición de reservas. La flexibilidad cambiaria, combinada con intervención preventiva, sigue siendo un elemento relevante de estabilidad en una economía con dolarización financiera todavía significativa.
La apreciación del sol tuvo efectos macroeconómicos mixtos. Por un lado, contribuyó a reducir presiones inflacionarias vía menores precios de bienes importados, combustibles y componentes vinculados al tipo de cambio. También favoreció importaciones de bienes de capital e insumos, apoyando la recuperación de la inversión. Por otro lado, una apreciación persistente puede afectar márgenes de algunos sectores exportadores no tradicionales, aunque este efecto fue compensado parcialmente por precios internacionales favorables.
Sector externo y balanza de pagos
La posición externa se mantuvo como uno de los principales soportes del perfil soberano. Al tercer trimestre de 2025, la balanza de pagos anualizada registró un superávit en cuenta corriente de US$ 7,403 millones, equivalente a 2.3% del PBI. Este resultado reflejó principalmente un elevado superávit comercial, impulsado por altos términos de intercambio y mayores precios de exportación, parcialmente compensado por déficits en servicios e ingreso primario.

La balanza comercial alcanzó un superávit anualizado de US$ 29,260 millones al tercer trimestre de 2025. Las exportaciones ascendieron a US$ 86,087 millones, de las cuales US$ 63,000 millones correspondieron a productos tradicionales y US$ 22,852 millones a productos no tradicionales. Las importaciones totalizaron US$ 56,827 millones, impulsadas por la recuperación de la demanda interna y mayores compras de bienes de capital, bienes de consumo e insumos industriales. La mejora comercial estuvo explicada más por precios que por volúmenes, dado que las exportaciones reales crecieron menos que las importaciones reales.
El ingreso primario continuó siendo deficitario, con un saldo negativo de US$ 21,612 millones al tercer trimestre de 2025. Este déficit responde principalmente al pago de utilidades, dividendos e intereses al exterior, especialmente de empresas con participación extranjera en sectores minero, financiero y de servicios. Esta dinámica es estructural en una economía que ha recibido inversión extranjera directa significativa. No constituye por sí misma una debilidad crediticia, pero reduce parcialmente el efecto positivo del superávit comercial sobre la cuenta corriente.
La cuenta financiera registró una entrada neta de capitales de US$ 3,583 millones al tercer trimestre de 2025. Bajo la metodología del BCRP, la cuenta financiera se presenta como activos netos de pasivos; por ello, un signo negativo implica entrada neta de capitales. El sector privado registró una salida neta de US$ 1,887 millones, mientras que el sector público mostró una entrada neta de US$ 5,470 millones, asociada principalmente al financiamiento externo y operaciones de portafolio. Esta composición evidencia que el soberano mantuvo acceso a financiamiento externo en condiciones favorables, aunque los flujos privados siguieron siendo sensibles al entorno financiero y político.


Las Reservas Internacionales Netas se mantuvieron en niveles elevados. Al tercer trimestre de 2025, las RIN se ubicaron alrededor de US$ 85.1 mil millones. En términos de cobertura, las RIN representaron alrededor de 26% del PBI y cubren ampliamente la deuda externa de corto plazo y los vencimientos externos relevantes. Este nivel de liquidez externa constituye una fortaleza central frente a choques de flujos de capital, presiones cambiarias o deterioros temporales de términos de intercambio.

La deuda externa privada de mediano y largo plazo se mantiene acotada y con tendencia descendente en el horizonte de proyección. Para 2025, el BCRP proyecta que se ubique alrededor de 10.0% del PBI, reduciéndose hacia 8.5% en 2026 y 7.7% en 2027. La menor deuda externa privada reduce riesgos de refinanciamiento corporativo y exposición a tasas internacionales, aunque también puede reflejar una mayor preferencia por financiamiento local o cautela en decisiones de inversión.
La fortaleza externa de Perú descansa en tres pilares: superávit de cuenta corriente, elevadas reservas internacionales y bajo nivel relativo de deuda externa de corto plazo. Su principal vulnerabilidad es la dependencia de precios de materias primas, particularmente cobre y oro. Una corrección abrupta de commodities, menor crecimiento de China o aumento de aversión global al riesgo podría afectar simultáneamente exportaciones, cuenta corriente, tipo de cambio, ingresos fiscales y percepción de riesgo.
Finanzas públicas
La posición fiscal mostró una mejora relevante durante 2025, aunque la consolidación todavía no puede considerarse estructural. De acuerdo con el Reporte de Inflación de diciembre de 2025 del BCRP, el déficit fiscal acumulado en los últimos doce meses disminuyó de 3.4% del PBI al cierre de 2024 a 2.3% del PBI en noviembre de 2025. Esta corrección respondió principalmente a la reducción del gasto no financiero como porcentaje del producto, asociada al menor gasto del Gobierno Nacional y, en menor medida, al incremento de los ingresos corrientes, favorecidos por los mayores precios de exportación y el dinamismo de la actividad económica.
Para el cierre de 2025, el BCRP proyecta un déficit fiscal de 2.2% del PBI, con una convergencia gradual hacia 1.9% en 2026 y 1.6% en 2027. Si bien esta senda representa una mejora frente al déficit de 3.4% registrado en 2024, aún se mantiene por encima de la regla fiscal de mediano plazo de 1.0% del PBI. Por tanto, el riesgo fiscal
no se concentra en una presión inmediata de solvencia, sino en la necesidad de sostener la consolidación en un contexto de menor holgura fiscal, gastos rígidos y elevada incertidumbre política.

La recuperación de los ingresos fiscales se explica principalmente por la mayor recaudación del impuesto a la renta, tanto por pagos de regularización como por pagos a cuenta de personas jurídicas, asociados al mayor dinamismo de la economía y a los altos precios de metales de exportación, principalmente cobre, oro y zinc. También contribuyeron pagos extraordinarios vinculados a operaciones corporativas, acciones de fiscalización de la SUNAT, traslados de detracciones, amnistías y multas. No obstante, una parte relevante de esta mejora tiene carácter cíclico o transitorio, por lo que no debe interpretarse como un fortalecimiento permanente de la base tributaria.
Por el lado del gasto, el ajuste se concentró en la reducción del gasto no financiero como porcentaje del PBI. El BCRP proyecta que este pase de 20.7% del PBI en 2024 a 20.0% en 2025, y continúe descendiendo a 19.4% en 2026 y 19.1% en 2027. Esta reducción incorpora un menor gasto de capital asociado a la ausencia de una nueva capitalización de Petroperú, aunque el fisco seguiría honrando garantías vinculadas a la línea de crédito otorgada por el Banco de la Nación a dicha empresa. En 2024, el apoyo a Petroperú bajo la forma de aportes de capital ascendió a S/ 6.1 mil millones, mientras que en 2025 el apoyo se dio principalmente mediante la honra de garantías por aproximadamente US$ 1.0 mil millones.
El resultado primario mejora frente a 2024, pero aún no alcanza una posición suficientemente holgada. El BCRP proyecta un resultado primario de -0.6% del PBI en 2025, -0.3% en 2026 y 0.1% en 2027, mientras que el pago de intereses se mantendría entre 1.6% y 1.7% del PBI. En consecuencia, la reducción del déficit fiscal dependerá de sostener una contención efectiva del gasto y evitar que los mayores ingresos asociados al ciclo de commodities se traduzcan en incrementos permanentes de gasto corriente.
La baja base tributaria continúa siendo una restricción estructural. Los ingresos tributarios se proyectan alrededor de 15.0% del PBI en 2025 y 14.8% en 2026-2027, niveles reducidos para financiar de manera sostenida las demandas de infraestructura, seguridad, salud, educación y protección social. La consolidación fiscal requerirá no solo moderación del gasto, sino también mejoras permanentes en administración tributaria, reducción de evasión y elusión, ampliación de base imponible y racionalización de beneficios tributarios.
Deuda pública y perfil de financiamiento soberano
La deuda pública se mantiene en niveles moderados y continúa siendo una de las principales fortalezas del soberano. Según el BCRP, la deuda bruta del Sector Público No Financiero se reduciría de 32.0% del PBI en 2024 a 30.4% en 2025, antes de aumentar gradualmente a 31.2% en 2026 y 32.1% en 2027. La deuda neta, por su parte, pasaría de 23.4% del PBI en 2024 a 22.9% en 2025, para luego incrementarse a 23.8% en 2026 y 24.6% en 2027.

En relación con la regla fiscal de deuda, el ratio proyectado se mantiene por debajo del límite temporal de 38.0% del PBI, aunque se ubica alrededor del ancla de mediano plazo de 30.0% del PBI. Esto implica que Perú conserva una posición de deuda favorable frente a pares regionales, pero con menor holgura que en periodos previos. El BCRP advierte que los déficits fiscales por encima del límite de la regla fiscal de 1.0% del PBI empezarían a tener un mayor efecto sobre la deuda pública como porcentaje del producto.
El perfil de financiamiento sigue siendo manejable. El BCRP proyecta que los requerimientos financieros del SPNF disminuyan de S/ 70.0 mil millones en 2024 a S/ 54.5 mil millones en 2025, S/ 34.4 mil millones en 2026 y S/ 32.2 mil millones en 2027. Esta trayectoria responde a una reducción esperada del déficit fiscal y a menores amortizaciones de deuda, lo que reduce la presión de refinanciamiento en un entorno internacional todavía caracterizado por tasas elevadas.

La estructura de la deuda presenta fortalezas y vulnerabilidades. La vida media relativamente elevada y la alta participación de deuda a tasa fija reducen el riesgo de refinanciamiento y la sensibilidad inmediata a incrementos de tasas. Sin embargo, la participación de deuda en moneda extranjera continúa siendo un factor de monitoreo, especialmente tras el debilitamiento del mercado local de capitales asociado a retiros de fondos previsionales. Esta exposición se mitiga por el bajo nivel total de deuda, la disponibilidad de reservas internacionales y la credibilidad del BCRP, pero sigue siendo relevante en escenarios de depreciación cambiaria.
El acceso a mercado se mantiene favorable. El BCRP reportó que, en el cuarto trimestre de 2025, las tasas de rendimiento de los Bonos del Tesoro Público en soles disminuyeron en promedio 22 puntos básicos, principalmente en el tramo medio de la curva, en un contexto de reducción de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense. Asimismo, el MEF realizó operaciones de intercambio de bonos soberanos orientadas a mejorar el perfil de vencimientos y contribuir al desarrollo del mercado de deuda pública.
Los riesgos contingentes se mantienen acotados, aunque Petroperú continúa siendo el principal foco de monitoreo asociado a empresas públicas. Los apoyos recientes del Tesoro, junto con problemas de gobernanza y rentabilidad, evidencian que la empresa puede generar presiones fiscales adicionales si no se consolida una reestructuración creíble. Sin embargo, por su tamaño relativo, el riesgo no altera por sí solo la sostenibilidad de la deuda soberana, aunque sí puede afectar la percepción de disciplina fiscal.
Mercado laboral, informalidad y condiciones sociales
El mercado laboral mostró una mejora moderada al tercer trimestre de 2025, consistente con la recuperación de la actividad económica, aunque mantuvo brechas estructurales relevantes. De acuerdo con la Encuesta Permanente de Empleo Nacional del INEI, la Población Económicamente Activa alcanzó 18.4 millones de personas en el trimestre julio-agosto-setiembre de 2025, equivalente al 69.1% de la población en edad de trabajar. La población ocupada ascendió a 17.6 millones de personas, registrando un crecimiento interanual de 1.9%, con una expansión más marcada en el área urbana que en el área rural.
La tasa de desempleo nacional se ubicó en 4.3% en el tercer trimestre de 2025, por debajo del 5.3% registrado en similar trimestre de 2024. La reducción fue generalizada por ámbito geográfico, aunque la tasa de desempleo urbano, de 5.0%, continuó siendo superior a la rural, de 1.1%. Por sexo, el desempleo femenino fue de 5.3%, por encima del masculino de 3.5%; mientras que por grupo etario, los jóvenes de 14 a 24 años registraron una tasa de desempleo de 9.0%, significativamente mayor al promedio nacional.
A pesar de la mejora del empleo y la reducción del desempleo, la informalidad laboral continúa siendo una de las principales restricciones estructurales del perfil soberano. En el periodo octubre 2024-setiembre 2025, el 70.6% de la población ocupada tenía empleo informal, frente a 71.2% en el periodo octubre 2023-setiembre 2024. Si bien la informalidad se redujo ligeramente, permanece en niveles elevados: alcanzó 94.8% en el área rural y 64.9% en el área urbana. Por tamaño de empresa, la informalidad se concentró en unidades de 1 a 10 trabajadores, donde llegó a 88.8%; y por rama de actividad, fue particularmente elevada en agricultura, pesca y minería, con 91.1%, construcción, con 77.2%, y comercio, con 71.8%.
Esta estructura laboral limita la capacidad de crecimiento de largo plazo. La elevada informalidad reduce la productividad agregada, restringe la base tributaria, debilita la cobertura previsional y de seguridad social, y dificulta la transmisión del crecimiento económico hacia ingresos fiscales permanentes. También reduce la efectividad de la política pública, en tanto una parte significativa de la población ocupada opera fuera de los sistemas formales de tributación, protección social y financiamiento.
Las condiciones sociales siguen siendo un factor restrictivo para el perfil crediticio. La informalidad, las brechas territoriales, el acceso desigual a servicios públicos y la inseguridad ciudadana no generan un riesgo inmediato de liquidez soberana, pero sí afectan el crecimiento potencial, la cohesión social y la capacidad política para sostener reformas fiscales o productivas. Desde una perspectiva soberana, el reto central no es solo reducir el desempleo, sino elevar la formalidad, productividad y calidad del empleo.
Institucionalidad, gobernabilidad y riesgo político
La institucionalidad continúa siendo la principal restricción del perfil soberano peruano. Al cierre del tercer trimestre de 2025, el país enfrentaba un entorno político caracterizado por alta fragmentación, baja aprobación de
instituciones, tensiones entre poderes del Estado, incertidumbre regulatoria y proximidad del proceso electoral de 2026. Esta dinámica limita la capacidad de implementar reformas estructurales y aumenta el riesgo de medidas con impacto fiscal no financiado.
La incertidumbre política opera por varios canales macroeconómicos. Primero, afecta decisiones de inversión privada, especialmente en sectores intensivos en capital y con largos horizontes de maduración, como minería, infraestructura y energía. Segundo, reduce la predictibilidad regulatoria y eleva el costo de planificación empresarial. Tercero, dificulta la consolidación fiscal, porque incrementa la probabilidad de medidas populistas, beneficios tributarios o expansión de gasto permanente sin financiamiento estructural.
La inseguridad ciudadana se ha convertido en un riesgo económico más visible. El aumento de extorsiones, criminalidad y percepción de inseguridad afecta costos operativos de empresas, comercio, transporte, inversión y confianza de hogares. Aunque no es un indicador fiscal directo, su deterioro puede afectar productividad, formalización, inversión y legitimidad del Estado. En un informe soberano, este factor debe tratarse como un riesgo institucional y de crecimiento potencial, no solo como un problema social.
De cara a las elecciones generales de 2026, el riesgo principal es que el ciclo político eleve la incertidumbre, retrase decisiones de inversión o aumente presiones fiscales. La fortaleza del caso peruano es que las instituciones macroeconómicas, en particular el BCRP y, en menor medida, el marco fiscal, han mantenido continuidad pese a la volatilidad política. La debilidad es que esa estabilidad macro no ha sido suficiente para mejorar gobernabilidad, productividad, formalización ni capacidad de ejecución pública.
Como hecho posterior al corte, la destitución presidencial de octubre de 2025 confirmó la fragilidad del equilibrio político. Si bien la estabilidad macroeconómica se mantuvo relativamente intacta, el evento evidenció la persistencia de tensiones Ejecutivo-Congreso y el peso creciente del Congreso en la orientación de políticas públicas.
Balance crediticio del contexto local
En conjunto, el contexto local al tercer trimestre de 2025 respalda la estabilidad de la calificación soberana, sustentado en la recuperación de la actividad, inflación dentro del rango meta, expectativas ancladas, credibilidad del BCRP, posición externa sólida, elevados niveles de reservas internacionales y deuda pública moderada. No obstante, estos fundamentos conviven con restricciones fiscales, institucionales y estructurales que limitan una mejora de la nota: el déficit fiscal aún se mantiene por encima de la regla de mediano plazo, los ingresos públicos siguen siendo bajos frente a las necesidades del Estado, la informalidad restringe productividad y recaudación, y la fragmentación política reduce la capacidad de implementar reformas. Por ello, el perfil soberano mantiene una lectura de resiliencia macroeconómica, pero con debilidad institucional persistente.
Anexo

Fuentes
- Banco Central de Reserva del Perú – BCRP. “Reporte de Inflación: Panorama actual y proyecciones macroeconómicas 2025-2027”, diciembre 2025.
- Banco Central de Reserva del Perú – BCRP. “Nota Informativa del Programa Monetario – Octubre 2025”.
- Banco Central de Reserva del Perú – BCRP. Series estadísticas BCRPData: producto bruto interno, inflación, tipo de cambio, reservas internacionales netas, deuda pública, riesgo país y cuentas externas.
- Ministerio de Economía y Finanzas – MEF. “Marco Macroeconómico Multianual 2026-2029”.
- Ministerio de Economía y Finanzas – MEF. “Informe de Actualización de Proyecciones Macroeconómicas 2026-2029”.
- Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI. “Informe Técnico: Producción Nacional”, setiembre 2025.
- Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI. “Perú: Comportamiento de los Indicadores del Mercado Laboral a Nivel Nacional y en 27 Ciudades, Tercer Trimestre 2025”.
- Fondo Monetario Internacional – FMI. “World Economic Outlook”, octubre 2025.
- Banco Mundial. “Global Economic Prospects”, 2025.
- Organización Mundial del Comercio – OMC. Comunicados y notas de prensa sobre comercio mundial, 2025.
- Federal Reserve Economic Data – FRED, Federal Reserve Bank of St. Louis. Series de rendimientos de bonos del Tesoro de Estados Unidos.
- Centro de Estudios Internacionales UC – CEIUC. “Índice de Riesgo Político América Latina 2025”.
