Autor: Eduardo Armaza Navia
Racionalidad
La producción mundial de grano de soya se concentra principalmente en Brasil, Estados Unidos y Argentina, gracias a la implementación de tecnología que ha optimizado su rendimiento. Por otro lado, China es el mayor importador de este producto, debido a su alta demanda en la industria ganadera y el consumo de carne.
Bolivia ocupa el décimo puesto entre los principales productores de soya a nivel mundial. Esta oleaginosa es la de mayor producción en el país, con casi la totalidad de su cultivo concentrado en el departamento de Santa Cruz. Además de su relevancia en el comercio internacional, la industria de la soya desempeña un papel fundamental en el abastecimiento del mercado interno, proporcionando subproductos esenciales para la alimentación del sector pecuario.
Las principales procesadoras de grano de soya obtienen financiamiento a través del mercado de valores y/o el sector bancario para cubrir sus necesidades de inversión y capital de trabajo, además de brindar apoyo a los agricultores. La soya y sus derivados representan un 7,01% del total de exportaciones del país a junio 2026, lo que subraya su importancia económica.
El precio de las oleaginosas está sujeto a la volatilidad del mercado global, influenciado por la disponibilidad y demanda de los principales consumidores. Asimismo, factores como conflictos bélicos, geopolíticos y condiciones climáticas pueden afectar su cotización.
Resumen Ejecutivo
Producción Internacional. En el periodo 2025/26 la producción mundial de soya alcanzó 429,46 millones de toneladas métricas. Los principales países productores incluyen a Brasil, Estados Unidos y Argentina. Por su parte, Bolivia ocupa la décima posición en producción de soya, con una contribución de 0,91% (3,9 millones de toneladas métricas).
Movimiento económico. A 2024 las exportaciones de grano de soya y aceite a nivel mundial representaron USD 92 mil millones, en tanto en Bolivia en dicho año alcanzaron USD 1 mil millones. Los principales importadores son China (grano de soya) e India (aceite de soya).
Producción de soya en Bolivia. La producción de este grano se concentra en el departamento de Santa Cruz, en la zona de expansión y zona integrada. El cultivo de soya se lleva adelante en dos campañas: la principal tiene lugar en verano y otra en invierno. La superficie cultivada para la campaña de verano creció a una tasa anual compuesta de 3,54% para los últimos 5 años, con un rendimiento promedio de 2,03 toneladas por hectárea.
Importancia de la Industria en Bolivia. La industria oleaginosa desempeña un papel fundamental en el abastecimiento del mercado interno, proporcionando subproductos esenciales para el consumo humano y la alimentación de ganado y aves. Entre los principales subproductos se destacan los aceites comestibles, la harina solvente de soya, el aceite crudo, la cascarilla de soya y la lecitina.
Situación Financiera de la Industria. A marzo 2026, se aprecia una cobertura insuficiente – menor a la unidad – y periodo de solvencia extenso (22,68 años para cubrir la deuda financiera mediante EBITDA) por un debilitamiento del EBITDA. Se resalta la relevancia del endeudamiento que alcanza un nivel relativamente alto frente al patrimonio, es un determinante importante para la rentabilidad (descomposición de DuPont) y es esencial para fondear las actividades operativas y de inversión en el flujo de efectivo.
Exportaciones y mercados. Las exportaciones de Bolivia se concentran en aceite – tanto refinado como crudo – y torta de soya, y tienen como destino a los países de Colombia, Perú y Ecuador, principalmente. Fueron favorecidas por el efecto precio entre 2021, 2022 y 2023. Por el contrario, en 2024 y 2025 fueron afectadas negativamente por sequías y la coyuntura económica que atraviesa el país.
Evolución de precios. Los precios de la soya dependen directamente de la oferta global, además de factores climáticos, expectativas de siembra y cosecha, así como de conflictos bélicos y geopolíticos. En 2025 y a marzo de 2026 exhiben un repunte por la firme demanda de oleaginosas para producir biocombustibles, la demanda del sector pecuario chino e inestabilidad climática.
Proyecciones Internacionales. Las perspectivas globales indican que el mercado internacional de la soya continuará en crecimiento, impulsado por la demanda del sector productor de biocombustibles y la demanda del sector pecuario, con una oferta sólida de Brasil que incluso pueda compensar la baja en la producción de Argentina, Estados Unidos e India por factores climáticos y de cultivos.
Contexto internacional
De acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés), la producción mundial de soya en el periodo 2025/26 alcanzó a 429,46 millones de toneladas métricas, que supera en 0,33% a lo registrado en 2024/25 (428,05 millones de toneladas métricas). Cabe señalar que, la tasa de crecimiento anual compuesta para la producción mundial de soya para los últimos 10 años es de 2%. Dicha producción corresponde a: Brasil con el 42% de la producción mundial, Estados Unidos con el 27%, Argentina con 12% y China con 5%. La producción de Bolivia representa el 0,91% de la producción mundial, con una contribución de 3,9 millones de toneladas métricas.
Por otra parte, considerando el área de cosecha de soya, Brasil comprende un área de 48,5 millones de hectáreas, Estados Unidos 32,6 millones de hectáreas, y Argentina 16,3 millones de hectáreas. En el caso de Bolivia, el área de cosecha comprende 1,9 millones de hectáreas. Sin embargo, cabe señalar que, el área de cosecha no es la única variable de interés para entender la producción de soya de cada país, por lo que, es necesario también analizar la productividad de cada país. En el caso de Brasil, para el periodo 2025/26 produjo 3,71 toneladas métricas por hectárea, por su parte, Estados Unidos 3,56 y Argentina 3,07. En cambio, Bolivia registra una productividad de 2,05 toneladas métricas por hectárea, con tendencia descendente.
Lo anterior se explica por las nuevas tecnologías implementadas por los grandes productores, mismas que generan un mayor rendimiento sin necesidad de ampliar en gran medida la superficie cultivada, enfocándose en el rendimiento y no así en la superficie cultivada[1].
Por otro lado, las exportaciones mundiales de soya presentaron un comportamiento ascendente entre 2020 y 2022, sustentadas en el efecto precio que alcanzó su máximo en 2022. La gestión 2023 mantuvo cierta estabilidad en el valor exportado sustentada en un volumen sustancial, y la gestión 2024 registró un descenso a pesar del fortalecimiento de los volúmenes exportados, poniendo en evidencia la caída de los precios. En tanto, las exportaciones mundiales de aceite de soya registraron un comportamiento fuertemente expansivo entre 2020 y 2022, por el efecto precio principalmente, producto de los desconfinamientos postpandemia, para luego estabilizarse en 2023 y 2024.
[1] https://www.fas.usda.gov/data/production/commodity/2222000

Cabe señalar que, los principales exportadores de grano de soya a nivel mundial incluyen a Brasil con exportaciones por USD 42,94 miles de millones, seguido de Estados Unidos con USD 24,57 miles de millones y Paraguay con USD 3,17 miles de millones. Por su parte, los principales importadores del grano de soya incluyen a China con importaciones por USD 52,73 miles de millones, Argentina con USD 3,23 miles de millones y México con USD 3,00 miles de millones.
El caso de Argentina es particular, dado que, a pesar de ser de los grandes productores del grano de soya también es de los principales importadores, esto se debe a que por el tamaño de su industria aceitera requiere volúmenes mucho mayores a los que puede producir internamente, y satisface este déficit a través de las importaciones.

Asimismo, también es necesario analizar a los principales exportadores e importadores de aceite de soya en el mundo. Las exportaciones son lideradas por Argentina con USD 5,27 miles de millones, seguido de Brasil con USD 1,31 miles de millones y Países Bajos con USD 0,53 miles de millones. Es necesario resaltar que, Bolivia ocupa el séptimo lugar entre los principales exportadores de aceite de soya a nivel mundial, con USD 0,39 miles de millones.
En tanto, los principales importadores de aceite de soya involucran a la India con USD 4,13 miles de millones, Bangladesh con USD 0,70 miles de millones y Perú con USD 0,58 miles de millones.

Entre los principales drivers para el comercio mundial de soya se encuentran los posibles subsidios y restricciones a la exportación en los países productores, tensiones geopolíticas, acuerdos comerciales y políticas ambientales de los países importadores. Algunos ejemplos de estas situaciones pueden incluir los certificados de abastecimiento y precio justo en Bolivia (cupos de exportación), la guerra de Rusia – Ucrania, que tuvo incidencia sobre el mercado de soya y girasol en 2022, tensiones geopolíticas dadas por aranceles o sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a determinados regímenes, y la política de la Unión Europea de no importar productos agrícolas provenientes de países que amplían sus áreas de cultivo mediante deforestación.
Por otro lado, varios gobiernos, incluidos los de Brasil, Indonesia y Canadá, están impulsando activamente la producción de biocombustibles. El más conocido es el etanol, cuya elaboración depende principalmente de la caña de azúcar y el maíz. Además, el biodiésel, derivado de grasas como el aceite vegetal, está ganando relevancia, otorgando un papel clave a las oleaginosas. Sin embargo, el uso de materias primas de origen vegetal para la producción de biocombustibles podría reducir la disponibilidad de estos recursos para la industria alimentaria.
Producción de Soya en Bolivia
El cultivo de soya comenzó a mediados de 1950 en el departamento de Santa Cruz, impulsado por colonias extranjeras que se establecieron en la región. Inicialmente, su producción se destinaba al autoconsumo y a partir de 1970 las políticas de estado promovieron el cultivo comercial.
La soya es cultivada principalmente en el departamento de Santa Cruz, con una participación del 96,83% de la producción nacional en el año agrícola 2024/2025, y una participación de 97,06% en la superficie cultivada a nivel nacional, gracias a las características climáticas favorables. Las zonas productivas de este departamento se dividen en:
- Zona de Expansión: ubicada en las tierras bajas del este, donde predominan medianos y grandes productores. Incluye los municipios de Pailón, Cuatro Cañadas, San Julián, El Puente, Guarayos y San José de Chiquitos.
- Zona Integrada: situada en el norte del departamento, donde se concentran pequeños productores. Entre sus principales municipios están Minero, San Pedro, Fernández Alonso, Okinawa, San Julián Norte, El Puente Norte, La Guardia y Charagua.
El cultivo de soya se realiza en dos campañas agrícolas.
- Campaña de verano: la más importante, representa aproximadamente el 80,67% de la producción total y se extiende de noviembre a abril.
- Campaña de invierno: se lleva a cabo entre mayo y septiembre, con un menor volumen de producción.
La mayor parte de productores son locales, seguidos de japoneses, brasileños, menonitas y otros que se arraigaron en la zona, cuyos centros de acopio están instalados alrededor de las zonas soyeras del departamento de Santa Cruz (zona de expansión y zona norte integrado).
Características del Sector
La cadena de producción de oleaginosas en Bolivia abarca el cultivo de soya y girasol, así como su posterior industrialización. De este proceso se obtienen aceites crudos, cascarilla para productores lecheros, harina integral y harina solvente, además de diversos aceites refinados destinados al consumo doméstico. En Bolivia la soya lidera la producción de oleaginosas con un 95,27%, mientras que el girasol 4,09% y restantes 0,65%.
Del total de las exportaciones del sector oleaginoso de la soya, el 45% está destinado a Colombia, el 33% a Perú, el 14% a Ecuador y 6% a Chile. Asimismo, las exportaciones a Colombia se encuentran compuestas predominantemente por torta de soya y aceite de soya en bruto, mientras que las exportaciones a Perú consisten en torta de soya y aceite de soya refinado.
El desarrollo de la industria oleaginosa está condicionado a la disponibilidad de grano, su principal materia prima. En los últimos cinco años, la superficie sembrada para la campaña de verano ha crecido a una tasa compuesta de 3,54%, con un rendimiento promedio de 2,03 toneladas por hectárea cultivada. Asimismo, para la campaña de invierno, se observa una tendencia decreciente en la superficie cultivada, con un decrecimiento anual compuesto de -0,04% y un rendimiento promedio de 1,72 toneladas por hectárea. Por tanto, la expansión del sector industrial depende directamente del aumento de la producción de grano.
La industria oleaginosa desempeña un rol fundamental en otras industrias, ya que abastece el mercado interno con subproductos esenciales para la alimentación del sector pecuario. Por ejemplo, la harina solvente de soya se emplea como fuente de proteína en la producción de carne, el aceite crudo es utilizado como insumo en la fabricación de aceites comestibles y margarina, la cascarilla de soya aporta fibra al sector lechero, y la lecitina se incorpora como suplemento dietético.
Empresas Agroindustriales
Las empresas que participan en el mercado oleaginoso boliviano y se financian en el mercado de valores son Industrias de Aceite S.A., Industrias Oleaginosas S.A., Gravetal Bolivia S.A., Sociedad Agroindustrial Nutrioil S.A. y Procesadora de Oleaginosas Prolega S.A., las cuales cuentan con capitales tanto nacionales como extranjeros.
El mercado de valores ha sido una de las principales fuentes de financiamiento que han impulsado su crecimiento a lo largo de los años y fortalecido sus operaciones, dado que este sector es considerado estratégico dentro de la economía.
Las cuentas más sobresalientes de los Estados Financieros de las empresas oleaginosas mencionadas previamente se presentan a continuación:

Se puede apreciar que: los inventarios representan el 21,56% del total de los activos, con una preponderancia moderada. La deuda financiera de corto plazo equivale al 36,16% y la de largo plazo el 15,94%, del total pasivo más patrimonio, lo que denota que la estructura de financiamiento está mayormente enfocada en el corto plazo debido a los requerimientos de financiamiento para la adquisición de grano de soya. Por otro lado, el margen EBITDA alcanza a 3,68% y el margen neto a -0,32%, debido a la relevancia del gasto financiero (5,11%), mismo que se sobrepone al efecto positivo de la diferencia de cambio.
Asimismo, considerando los movimientos promedio del sector en el flujo de efectivo, se tiene que la mayoría de las empresas que lo componen registran un flujo negativo proveniente de actividades operativas y de inversiones, mientras que solo el flujo proveniente de financiamiento es positivo. Lo que refleja la importancia del acceso a financiamiento para el sector para solventar sus operaciones e inversiones. De igual forma denota que no es posible un desapalancamiento del sector mediante el efectivo generado por sus operaciones.
Por otra parte, se presenta el cálculo de algunos indicadores financieros del sector oleaginoso:

Los indicadores muestran que el nivel de endeudamiento es relativamente elevado, al encontrarse el indicador de pasivo total a patrimonio en 1,93 veces. Asimismo, el debilitamiento del EBITDA incide en que el plazo para desapalancar la empresa mediante su generación operativa sea muy extenso. En ese sentido, registra también una cobertura de gastos insuficiente, dado, adicionalmente, por los gastos financieros considerables, según su nivel de apalancamiento (deuda financiera total equivalente al 52,10% del total pasivo más patrimonio). El ROE negativo refleja que la estructura de costos y gastos supera a los ingresos. La prueba ácida denota la baja dependencia de la realización de inventarios para cumplir con sus obligaciones de corto plazo. El ciclo de conversión de efectivo de 124 días experimenta una fuerte influencia del periodo de rotación de inventarios de 103 días, considerado un plazo moderado, con una relación adecuada entre el periodo de cobranzas (62 días) y periodo de pago a proveedores (41 días).
Al realizar la descomposición de DuPont se puede apreciar que el signo negativo del ROE se atribuye a la estructura de costos y gastos que sobrepasa el nivel de ingresos, dado por un margen neto negativo de -0,32%. La rotación de activos registra un nivel medio de eficiencia en la utilización de activos para generar ventas al alcanzar 0,62 veces. Por su parte, el apalancamiento es el principal determinante de la rentabilidad del sector, al situarse en 2,93 veces, lo que refleja la fuerte dependencia del acceso a financiamiento externo para potenciar los resultados de la empresa.
Exportaciones y Mercados
Las exportaciones bolivianas de soya y derivados han experimentado fluctuaciones a lo largo de los años, influenciadas tanto por las variaciones en el precio en el mercado internacional como por el rendimiento de los cultivos, lo que afecta directamente la oferta local del grano.
Las exportaciones fueron variables entre 2016 y 2020, con fuertes ascensos en 2021 y 2022, hasta alcanzar un pico máximo de USD 2.240 millones en 2022 por la venta de 3,56 millones de toneladas, con un crecimiento en el valor de 63,15% y en volumen de 39,67%, respecto a 2021, aspecto que denota un impulso tanto por volumen como por precio. La gestión 2023 mantuvo niveles relevantes de exportaciones (USD 1.762 millones y un volumen de 3,24 millones de toneladas); sin embargo, anticipaba una desaceleración del impulso anterior. Las gestiones 2024 y 2025 registraron niveles cercanos entre sí, no obstante, con un considerable decremento respecto a 2023. Esta situación se debió a sequías en el sector productivo de Santa Cruz en la gestión 2024 y, en 2025, se debió a la escasez de combustibles, cupos de exportación y precios bajos durante una gran parte del año.
A junio de 2026, las exportaciones de soya y derivados se concentran en torta de soya con una participación de 44%, aceite de soya en bruto 32%, aceite de soya refinado 19% y otros 5%, porción que corresponde a habas de soya para siembra, harina de habas de soya y habas de soya excepto para siembra.

Precios
Los precios de los granos del sector oleaginoso están influenciados por múltiples factores, como el volumen de producción mundial, la demanda, las condiciones climáticas y las expectativas de siembra y cosecha. Además, eventos como la guerra comercial entre China y Estados Unidos, la pandemia de COVID-19 y el conflicto entre Rusia y Ucrania han tenido un impacto significativo en su valoración. Al ser commodities, estos productos presentan una alta volatilidad en el tiempo, lo que determina las transacciones comerciales de compra y venta.
Por su parte, la soya es un recurso clave demandado tanto por exportadores de grano como por industrias oleaginosas, que la procesan para la exportación de sus derivados o la producción de bienes finales. Este insumo es considerado un commodity de gran importancia dentro del mercado de materias primas, y su precio se establece en la Bolsa de Chicago.
Entre 2016 y 2019, el precio del grano de soya mantuvo cierta estabilidad, con un promedio de USD 389,92 por tonelada métrica. Sin embargo, a partir de julio de 2020, inició una tendencia alcista impulsada por el desconfinamiento y la reactivación de actividades económicas, en un contexto marcado por la crisis de contenedores y los retrasos en las cadenas logísticas y de suministro. Estos factores provocaron un aumento generalizado en los precios de los commodities, especialmente en los sectores de alimentos y energía.
La tendencia al alza se prolongó hasta 2022, cuando el conflicto entre Rusia y Ucrania generó un nuevo repunte en los precios del grano de soya, alcanzando en junio de ese año un máximo de USD 737,06 por tonelada métrica. A esto se sumaron condiciones climáticas adversas en Sudamérica —principal región productora de soya— y la constante demanda por parte de China, lo que contribuyó a mantener los precios en niveles elevados. Para 2023 y 2024, los precios comenzaron a descender debido a una mayor oferta en el mercado, impulsada por cosechas récord en Brasil y Argentina.
En 2025 y a marzo de 2026, se observa un repunte en el precio del grano de soya, debido a la creciente demanda para molienda y producción de biocombustibles, un contexto adicional de precios del petróleo y energía al alza que impulsan el incremento de commodities oleaginosos, y también la incertidumbre climática en zonas críticas de cultivo (expectativas negativas por los fenómenos del Niño y la Niña).

El precio del aceite de soya y la harina de soya siguieron la tendencia alcista del grano, sin embargo, cada uno con magnitudes y sensibilidades distintas, lo que pone en evidencia la menor volatilidad que presenta la harina de soya frente al grano, y un comportamiento mucho más pronunciado en el aceite. En línea con lo anterior, se señala que el repunte de marzo 2026 en el aceite es mucho más pronunciado (32,83%) frente al grano de soya (7,39%), lo que refuerza las crecientes presiones por aceite para la producción de biocombustibles.
Proyecciones y Tendencias Internacionales
El reporte Food Outlook de FAO a junio 2026 sobre cultivos de oleaginosas, presenta las siguientes tendencias hacia el cierre de la campaña 2025/26 y a futuro:
- La producción mundial de soya crecerá de manera marginal a futuro dada por la expansión de Brasil, y, en menor medida, de Rusia, que llegarán a compensar los descensos de producción en Argentina e India debido a condiciones climáticas, y la menor producción de Estados Unidos por incidencia de la superficie cultivada. De forma que la campaña 2025/26 alcance una producción máxima de 432,3 millones de toneladas métricas.
- Se espera que el consumo de oleaginosas continúe creciendo sustentado en una demanda firme del sector de biocombustibles. Se estima que el consumo llegue a superar la producción de oleaginosas, por lo que, las reservas finales de aceites y grasas tenderían a decaer por tercera campaña consecutiva.
- Se proyecta que la producción de torta y harina de soya continúe expandiéndose sustentada en una actividad de molienda robusta. El consumo también se expandirá, sin embargo, a un menor ritmo que en campañas anteriores, dada una demanda más limitada en el sector pecuario, particularmente en China.
- Los factores que impulsaron al alza los precios de las semillas oleaginosas y sus derivados incluyen una oferta persistentemente ajustada, una firme demanda para biocombustibles, y valores crecientes del petróleo en un contexto de escalada en el conflicto bélico de Medio Oriente.
Conclusiones y perspectivas
Si bien la producción nacional de oleaginosas tiene una participación limitada en el mercado mundial, sigue siendo una de las actividades más relevantes dentro de la economía del país. Su impacto se refleja en la generación de importantes divisas, además de su significativo aporte a la base exportadora.
La capacidad instalada de la industria oleaginosa supera la producción nacional de grano, lo que limita su pleno aprovechamiento. No obstante, esta industria desempeña un papel clave en el fortalecimiento de la producción primaria, ya que financia a los productores, facilita la adopción de nuevas tecnologías y promueve el control del contrabando, contribuyendo así al desarrollo y estabilidad del sector.
La tendencia de los precios internacionales es a incrementarse por la fuerte demanda para producir biocombustibles, el impulso restante del sector pecuario chino y los precios ascendentes del petróleo. Bolivia puede atender estos segmentos, dado que una porción sustancial de sus exportaciones corresponde a torta de soya (alimento para el sector pecuario) y aceite – tanto crudo como refinado – sin embargo, la situación particular del país se constituyó en un impedimento para aprovechar esta tendencia. Por un lado, con un servicio bancario de comercio exterior lento ante las dificultades cambiarias, se retrasó las importaciones de semillas, fertilizantes, entre otros para un desarrollo óptimo de la campaña, a esto se suma la escasez de combustibles, que también se constituyó en una limitante, y finalmente, las restricciones a la exportación impuestas ante la escasez de aceite durante la gestión 2025.
Por otro lado, dado el gran potencial de la industria aceitera nacional, que presenta una capacidad instalada muy superior a la capacidad productiva del sector primario de granos de soya, se vislumbran dos oportunidades. La primera, implementar de manera ágil biotecnología para poder tener mayor eficiencia en los rendimientos de los cultivos y satisfacer la capacidad instalada de la industria. Y, a continuación, de persistir un déficit en la producción de grano, seguir el modelo argentino: importar el déficit de grano de soya para poder exportarlo con un valor agregado como aceite. Esta última alternativa estará sujeta a la regularización de situación cambiaria del país y a un funcionamiento óptimo y eficiente de la industria para generar un valor agregado sustancial que compense la inversión en importación de materia prima, así como la apertura de los mercados correspondientes.
Finalmente, es necesario también traer a colación el riesgo climático que implica la gestión 2026 para la región sudamericana, dado por las previsiones meteorológicas que alertan de la presencia de los fenómenos del Niño y de la Niña. Por un lado, el fenómeno del Niño ocasiona sequías extensas que evitan preparar el suelo en periodos ideales para la campaña e incluso ocasiona que en algunas áreas no se pueda cultivar, generando superficies improductivas. Por el otro lado, el fenómeno de la Niña puede incidir en un exceso de lluvias que dañan la calidad de la soya lista para cosecha, al impedir el acceso de cosechadoras y ocasionar la aparición de hongos y plagas.
Referencias
- INE (Instituto Nacional de Estadística).
- USDA (United States Department of Agriculture).
- ANAPO (Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo).
- FAOSTAT (Portal Estadístico de la Organización de Alimentos y Agricultura, por sus siglas en inglés).
- FAO: Food Outlook – Biannual report on global food markets (2026)
